jueves, 15 de septiembre de 2011

los sistema de comunicación de los africanos antes de la esclavitud


Mbela
Su utilización, según los grabados rupestres, se cifra en unos 15.000 años, y es considerada como la madre de todas las arpas.
Los Ngbaka de Congo y Rep. Centroafricana lo utilizan en muchos de sus rituales.


Ngombi

Instrumento utilizado en varios paises centroafricanos


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Balafón
Recibe muchos nombres diferentes según la región: Marimba, Mbila, Kogiri, ...
Puede tocar un Kogiri Virtual    


El Kora de Senegal, recibe otros nombres en Costa de Marfil, Gambia, Guinea Conakri, Malí, ... como Ngombi, Soron y otros


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MBIRA

Mbira es el nombre que se le da en Zimbabwe, siendo conocido por Likembe en Congo, Sanza en la Rep.Centroafricana, Kisanze en Angola, Kalimba, Mbirambila, etc

Djembe

El Djembe de Senegales uno de los nombres con que se denomina este tipo de tambor, llamado también Linga, Sabar, Kpanlogo, Kutiro, Bugarabu


Flautas y Trompetas
Una muestra de instrumentos de vientos son estos instrumentos de madera utilizados por el Pueblo Banda en la Rep.Democ. del Congo, Rep. Centroafricana y Sudán

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Laúd de Chad
Similar a los que aparecen en las pinturas del Antiguo Egipto, este instrumento es utilizado hoy, entre otros sitios, en la región de Tibesti (Sudán)


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Linga de Centroáfrica
Los linga del pueblo Banda aún se siguen utilizando como medio de comunicación. Se emplean en grupos de dos a cuatro instrumentos, de diferentes tamaños (los más grandes pueden medir más de dos metros), colocados sobre cuatro patas. Cada músico golpea los bordes de la abertura con un par de mazos que acaban en una pelota de látex, para producir sonidos diferentes.



Otros







Obokano, Beganna, Kissar (Arpa Kisii)
Dungu.  Rep. Democ. del Congo.


















Axatse
Atoke de Ghana
cocotu






Algunos instrumentos egipcios






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Las noticias sobre África son escasas. Y parece que sólo interesa presentar el lado negativo de lo africano. Pero si tenemos en cuenta que los grandes medios de información están controlados por las multinacionales, se comprende que estas corporaciones tengan interés en que no se hable de África, y si hay que mencionar algún suceso, prefieren que sea en la línea del ‘africano salvaje e indómito’. Esto tiene al menos dos ventajas: ocultar que las multinacionales conocen África palmo a palmo, donde llevan muchos años rastreando todas las fuentes de riqueza, y que estas multinacionales no aparezcan nunca como corresponsables de lo que sucede en aquellos lugares “desconocidos”.
Desde mediados del siglo XVI, cuando se inicia el comercio de esclavos negros en África, la propaganda oficial ha buscado argumentos para justificar ante su opinión pública las acciones que se llevaban a cabo en ese continente.
Esta larga tradición de actitudes racistas y un complejo de superioridad que los europeos heredaron de sus antepasados impregnan las noticias sobre el África subsahariana. La consecuencia de todo esto es que en el imaginario se asocie todo lo africano con la ignorancia, el hambre o los odios tribales. Una serie de tópicos que con el tiempo se van consolidando como verdades absolutas.
Se insiste mucho sobre la pobreza en África; de los 36 países clasificados por la ONU dentro del grupo de Países Menos Avanzados (PMA), es un hecho que 29 de ellos se encuentran en el África subsahariana. La situación actual perpetúa la época colonial: las estructuras políticas, económicas y sociales creadas por las antiguas potencias siguen obstaculizando cualquier modelo propio de desarrollo.
Las estructuras económicas africanas son altamente dependientes del exterior. Los Programas de Ajuste Estructural impuestos por el Norte, obligan a los países africanos a abrir sus mercados a los productos de los países ricos, a no subvencionar la producción local, y sobre todo a pagar el servicio de una deuda externa que colapsa a las economías africanas.
Por otro lado, se produce una cierta competencia desleal, ya que los países ricos subvencionan su agricultura: el presupuesto anual de la UE en subsidios agrícolas es de 55.000 millones de dólares, y el de EE.UU es de 76.000 millones.
El continente africano se halla en una profunda crisis económica y la pobreza es tremenda. Pero se extiende el enriquecimiento sin desarrollo, donde las élites acumulan enormes riquezas que depositan en los bancos del Norte, donde gozan de protección y de ramificadas complicidades en el entorno financiero.
La imagen de los dirigentes africanos es la de unos autócratas que utilizan todos los medios para mantenerse en el poder. Un poder caracterizado por la falta de libertades, el nepotismo político y una corrupción generalizada. Estas élites representan, nos dicen, una forma de entender la democracia a la africana. Es verdad que el continente está plagado de dictadores longevos, pero es una verdad a medias pretender que es por méritos propios. Durante el colonialismo, las metrópolis formaron los futuros gerentes de sus intereses, eliminando de paso a los nacionalistas. De Gaulle pudo declarar con toda tranquilidad: “Vamos a marcharnos quedándonos”.
Con la Guerra Fría, los intereses geoestratégicos de la URSS y del llamado Mundo Libre primaron sobre los derechos Humanos. Tras la caída del muro de Berlín, los intereses de las multinacionales tomaron el relevo. El dirigente africano que permite la explotación de las riquezas del territorio y la expoliación de su pueblo a cambio de unas migajas, es un amigo, y se le mantiene en el poder; al que no está de acuerdo se le margina o se le elimina para poner a otro.
En los 90, llegó el multipartidismo como una gran operación de imagen, pues rápidamente se asoció con democracia, cuando la realidad es que ha servido esencialmente para que las élites africanas ‘amigas de Occidente’ sigan en el poder gracias a unos comicios trucados que les confieren la etiqueta de respetabilidad. Unas dictaduras con barniz democrático para acallar las conciencias de sus patrocinadores occidentales.
Los conflictos armados en África se presentan en los medios de comunicación como consecuencia de los odios ancestrales entre las etnias; cuando una de las causas más importantes es el conflicto de intereses geopolíticos y económicos de las potencias occidentales. Durante la Guerra Fría, los conflictos ideológicos de las dos grandes potencias mundiales se trasladaron a África, como terreno propicio para probar la eficacia de las armas nuevas y dar salida a una buena cantidad de las ya existentes. Desde 1989 los intereses económicos se erigen en el motor de las guerras en África: diamantes y petróleo en Angola, diamantes, oro, y coltán en Congo (Zaire), diamantes en Sierra Leona, etc.
En todos estos países las multinacionales financian gobiernos o guerrillas, venden armas a todas las partes en conflicto y sacan materias primas para alimentar la producción en Occidente.
Pero la explicación más fácil para tranquilizar a la opinión pública occidental es volver al mito del negro salvaje que se rige por lo arbitrario. La realidad es otra.

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